miércoles, 1 de febrero de 2012

Consejos para sobrellevar las rabietas de los niños

Seguro que más de una vez os habéis planteado si a quien tenéis en casa es en realidad la reencarnación en miniatura del Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Decimos esto porque tod@s hemos pasado situaciones en las que sólo podemos decir: “¿Cómo es posible que de esta criatura tan dulce salga tanto genio?". 
Nos referimos, claro está, a las rabietas de los niños, esos momentos en los que los angelitos gritan, patalean, golpean, lloran y hasta sueltan por la boca palabras más propias de un camionero que de un renacuajo, y ante los que los adultos sólo atinamos a intentar mantener la compostura con cara de ‘tierra trágame’ o incluso a perder los nervios si la situación pasa del apuro al bochorno o tiene lugar en un espacio público.

Hay que ser conscientes de que se trata de un comportamiento normal en niñ@s de dos a cuatro años, que toman esta actitud cuando se sienten cansados, frustrados, molestos, no les proporcionamos lo que quieren o simplemente intentan demandar nuestra atención. Y lo hacen así porque todavía no son capaces de canalizar su enojo de otra manera ni de expresarse o comunicarse de forma verbal. Pero nosotros sí sabemos que de esa forma no van a obtener ni conseguir nada, y ese debe ser nuestro principal objetivo en el momento de dialogar con ellos: demostrarles que ese no es el camino y que no vamos a ceder ante su actitud. Así, fijamos la idea de que no vamos a darles lo que piden en ese momento ni cuando vuelvan a usar esa estrategia.

Además, psicólog@s, educador@s, y pedagog@s tienen claro que existen técnicas para superar esos berrinches. En primer lugar y como en casi todo en la vida, la anticipación es clave. Nosotros somos quienes mejor conocemos a nuestr@s hij@s y, por tanto, podemos detectar síntomas y atajarlos para evitar que se desencadene una rabieta. Por ejemplo, si les notamos cansados o sabemos que pueden reaccionar negativamente ante según qué situaciones o entornos, lo mejor será dejarles descansar un rato o intentar razonar con ellos previamente.

Este matiz del previamente es muy importante, puesto que es evidente que las palabras no surten efecto una vez que el niño está enrabietado y no escucha nada de lo que le decimos. Sin embargo, sí que hablar con él o ella tras la tormenta es conveniente, con el fin de explicarle que ese no es el mejor comportamiento y que la pateleta no es una buena respuesta para expresar su enfado.


Además, la gran pregunta de muchos padres se refiere a qué hacer cuando se encuentran con su pequeño preso de un berrinche. La respuesta es nada. Ignorar al niño durante su ‘espectáculo’ servirá para que se dé cuenta de que no éste tendrá ningún efecto. Podemos salir de la habitación o darle la espalda, pero siempre diciéndole antes que cuando se calme, volveremos. Así lograremos minimizar esa rabia.

Junto a todas estas instrucciones podemos añadir cuatro prácticos consejos fácilmente recordables y que os ayudarán a controlar reacciones difíciles de vuestros peques. Seguro que os resultan familiares:

1. Ante una rabieta, ambos progenitores deben responder por igual. Si uno cede, las estrategias no resultarán efectivas.

2.Es preciso mantener la calma y no enfadarse y gritar. De ese modo, solo conseguimos que el niño vea que los padres emulan su actitud.

3. Disculparse con las personas a quienes el niño molesta con su rabieta y hacer todo lo posible para que estas molestias se minimicen.

4. Reforzar las actitudes positivas y premiar con gestos de cariño y reconocimiento cuando el niño evite por sí solo las rabietas y actúe de forma adecuada ante una frustración.

¡Esperamos haber podido ayudaros!

*Información obtenida gracias a la web Eroski Consumer:



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