Érase una vez... un papá y una mamá que cada noche leían un cuento a sus hij@s.
Eran cuentos que no tenían efectos especiales, ni eran en tres dimensiones ni se veían en una pantalla. Sólo la luz medio apagada, un cómodo rincón en la cama y una voz eran suficientes para que l@s niñ@s se dejaran llevar hasta mundos fantásticos mientras se imaginaban seres entrañabales viviendo bajo su cama. Sentían que sus narradores también se alejaban de preocupaciones y de órdenes para dedicarles un tiempo especial en el que, sin ninguno darse cuenta, se establecía un puente maravilloso de complicidad entre ell@s.
Esta sencilla actividad no sólo conseguía que l@s niñ@s se relajaran, conciliaran el sueño y descansaran mejor, sino que estimulaba su lenguaje, su memoria y sus ganas de expresarse. Además, la comunicación oral lograba un mayor desarrollo intelectual de l@s pequeñ@s oyentes, puesto que despertaba su curiosidad, ampliaba su capacidad de atención y comprensión, y así iban entendiendo progresivamente las cosas con mayor rapidez. Es más, escuchar cuentos hacía a est@s chic@s más reflexiv@s, puesto que casi todos los relatos escondían un mensaje o moraleja sobre la forma en que debían comportarse o sobre la distinción entre el bien y el mal.
Cuando atendían a lo que sus padres contaban, l@s peques se ponían en el lugar del personaje e identificaban sus temores, sueños y logros como los suyos propios. De esta forma, al conocer qué iba ocurriendo a lo largo de la historia, adquirían argumentos para afrontar sus propios miedos y problemas. Y se volvían más sensibles y empáticos ante las emociones de l@s demás y las situaciones del mundo real.
Cada noche aprendían palabras nuevas y así iban llenando una mochila enorme de vocabulario. Los padres sabían que esto les ayudaría en el futuro a leer mejor y se esforzaban por mantener esa especie de rito nocturno con ell@s. Aunque no se sentían l@s mejores contadores de historias del lugar, les bastaba con que sus hij@s pidieran con ganas ese momento para saber que la afectividad entre ell@s se iba fortalenciendo.
Disfrutaban así de un momento especial para tod@s, aunque, al ir creciendo, en sus diminutos corazones también se iban haciendo hueco unos nuevos inquilinos: los libros. Como si de un efecto mágico se tratara, cuanto más leían los padres a sus hij@s, más aumentaba el amor de ell@s hacia estos objetos. Las historias oídas de boca de su mamá y su papá les despertaban un interés por saber más y conocer otras aventuras diferentes.
Poco a poco, l@s niñ@s crecieron y ya no había sitio para dos en su pequeña cama, por lo que el rito de l@s cuentacuentos dio paso a un hábito de lectura propio que los jóvenes nunca perdieron.
Un buen día, siendo ya adultos, l@s protagonistas de este cuento estaban leyendo un blog cuando recordaron el influjo que las voces de sus padres ejercía sobre aquellas criaturas de 5 años, quienes disfrutaban como nunca más en su vida de esos ratos escuchando cuentos.
Esa misma noche una voz se alzó fuerte sobre monstruos tridimensionales y videojuegos centellantes para arropar con imaginación y aprendizaje a dos pequeñ@s acurrucados en un edredón, mientras en algún lugar, generaciones antiguas se sentían felices y comían regalices.
Hagamos que este post no sea algo del pasado y sigamos contando cuentos a nuestr@s niñ@s, ya habéis visto todo lo bueno que os puede reportar. Intentad hacerlo vosotr@s como padres, tí@s, prim@s, amig@s, abuel@s... aunque también acudáis a personas profesionales en el arte del relato oral, los cuentacuentos.
¿Os gusta contar cuentos? ¿Soléis hacerlo habitualmente? ¿Cuál es el cuento favorito de vuestros chiquit@s? ¿Y el vuestro?
Para ayudaros a encontrar inspiración sobre qué cuentos elegir, os recomendamos esta web en la que podéis disponer de cientos de cuentos firmados por el escritor Pedro Pablo Sacristán. Este espacio surgió con la idea de fomentar el poder educativo de los cuentos y su influencia en la transmisión valores a nuestr@s niñ@s.
Y para l@s más modern@s, también tenemos un relato audiovisual; un corto para niñ@s y mayores inspirado en el huracán Katrina, Buster Keaton, El Mago de Oz y el amor por los libros. The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore es una conmovedora y humorística alegoría sobre los poderes curativos de una historia, y uno de los cinco cortometrajes nominados a los Oscar.
PD: Esta entrada es nuestro particular homenaje a los grandes maestros de la creatividad y el cuento, los hermanos Grimm, en el día en que se cumplen 200 años de la publicación de su primer libro de cuentos, convertido a día de hoy en un referente cultural de primer orden. Esa edición contenía éxitos universales como Blancanieves, La Cenicienta, Hänsel y Gretel, La Bella Durmiente, o Juan sin miedo.
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